domingo, 29 de julio de 2018

Una nueva lectura de Blade Runner de Ridley Scott. Futuros riesgos para el mundo del trabajo


Para Diego Gómez, incansable administrativista porque sabe que existe el futuro

En 1982 Ridley Scott dirigió una obra cinematográfica que hoy tras los años pasados ya se considera maestra, Blade Runner. Provenía la idea de la novela escrita en 1968 por Philip K. Dick ¿sueñan los androides con ovejas eléctricas?. En el inicio de la década de los ochenta, aquella película en pleno comienzo de algo que iba a revolucionar el mundo como ha sido Internet, advertía de que el mundo del futuro que describía era muy distinto al que se conocía y se preveía como probable. Hablaba de un mundo en el que la inteligencia artificial, hoy IA, en colaboración con la ingeniería genética habría desarrollado ciborgs, humanos artificiales que como el fabricante de los mismos, Tyrell Corporation, señalaba de sus productos que en determinados casos eran “más humanos que los propios humanos”. Se llamaban replicantes por ello, y se utilizaban como mano de obra, esclavos laborales y para misiones peligrosas en el espacio exterior al que los humanos se habían obligado por las condiciones de la Tierra a acudir.

La película se desarrollaba en un tiempo en que ya se habría superado el escalón intermedio de desarrollo, el tiempo de los robots, productos enteramente mecánicos, es decir el mundo robotizado al que en la segunda década del siglo XXI estamos comenzando a desarrollar. Por tanto, desarrollaba la historia en en la época de los ciborgs una fase ya posterior a la de la masiva robotización que hoy comienza a despuntar y que se desarrollará a velocidad seguramente vertiginosa.

La obra es crepuscular, entendiéndose el término como un drama en el que se describe un futuro previsible que no iba a ser tan feliz como se pensaba, en un registro totalmente nuevo y que se adaptaba al aún no iniciado siglo XXI y que recordaba en cierto modo a la tristeza romántica de las viejas obras de Wagner. El mundo académico y los cinéfilos rápidamente la adoptaron como obra de culto y con los años, tras unos inicios titubeantes en el aspecto comercial ya que el gran público no la aceptó de inmediato, consiguió en años posteriores una fama totalmente merecida. Los adelantos tecnológicos iban haciendo comprender al gran público que la obra de Philip K. Dick y el talento en su adaptación de Ridley Scott, tenía una posibilidad real de que la sociedad que describía fuera realmente posible aunque todavía lejana.

Hoy 35 años después, y con la segunda parte de la saga ya filmada desde 2017, Blade Runner 2049, puede decirse que aquellas previsiones de la obra de Philip K. Dick son ciertamente posibles o quizá mejor inquietantemente viables, ya que los indicios actuales de por dónde comienza a desarrollarse el mundo del trabajo trae reminiscencias de los datos proporcionados en el film. Recuerda el caso en gran medida a obra de Julio Verne que se adelantó a su tiempo.

Qué mensajes sobre el futuro mundo del trabajo trajo Blade Runner? Sucintamente, describió las siguientes cuestiones que hoy con el estado de la ciencia y la tecnología deberían obligarnos a pensar en un futuro ya no tan lejano. En primer lugar señaló que en un futuro habría mano de obra muy barata y controlada por grandes corporaciones… pero también como gran segundo mensaje por el ambiente y la atmósfera que la obra describía, presenta una vida precaria de mucha gente que había ido quedado descolgada de la industria de la gran tecnología o de los aparatos policiales y de seguridad tanto estatales como privados, en la que se vivía en aquella futura sociedad. En tercer lugar, deja entrever que la sociedad futura tendrá que desarrollar alguna forma de ingresos que no esté directamente relacionada con la productividad de cada persona, ya que posiblemente el trabajo será insuficiente para una parte importante de los ciudadanos, ello retrotrae a propuestas que estaban en los albores de su desarrollo como el ingreso mínimo vital, la renta básica universal y otras propuestas que desde una óptica económica tienen un innegable contenido iusfilosófico. También nos dejó en un cuarto mensaje una incógnita sobre los Derechos de los replicantes, tanto como trabajadores o como nuevos entes que se pensaba que no tenían sentimientos, ¿alma?. Las criaturas que se fabricaban eran de aspecto enteramente humano, pero mucho más fuertes y resistentes, estaban formadas por compuestos orgánicos con  dispositivos cibernéticos​ generalmente con la intención de mejorar las capacidades de la parte orgánica mediante el uso de tecnología, tenían pensamiento pero se pensaba que no respuesta emocional o empatía. Hecho que desmiente el replicante  Roy Batty, interpretado de modo genial por Rutger Hauer en la gran escena final en la que demuestra que le da pena que su tiempo acabe apelando a sus experiencias vividas cuando evoca con inolvidables palabras: “Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. Atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto Rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo... como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir”.

Ello lleva a pensar en que estos cyborgs quizá no solo sean maquinas biotecnológicas. Es desde luego un horizonte cuando menos complejo.

Un observador aséptico, podrá pensar, ¿bien y que tiene que ver esta curiosa o aburrida historia según cada percepción personal, con nuestro futuro, el derecho, el trabajo y los riesgos a que éste deberá enfrentarse etc...?.

Existen variados argumentos generales sobre la conveniencia de los análisis prospectivos a pesar de su inseguridad. Siempre es complejo y arriesgado el realizar este tipo de análisis, ya que el riesgo de equivocación en algunos casos es realmente posible. Por otra parte, mirar el futuro desde las señales del presente, siempre da pie a que quién lee cuestiones que no le resultan cómodas, pueda argumentar que la exageración está presente en el análisis y propuestas, mucho más en cuestiones sociales en las que las cosmovisiones ideológicas personales, tienen normalmente mucha más influencia que los razonamientos que se podrían esgrimir como contraargumentos. En esos casos normalmente, las críticas suelen ser radicales y sin argumentos nítidos pero que acaban siendo desestimativas de la totalidad de la propuesta a considerar.

Pero si no de qué sirve realmente el análisis de las tendencias actuales? Si sólo se trata de comentar entonces el presente, esa función la desarrolla la enorme cantidad de comentaristas, periodistas, analistas políticos etc..., cada uno desde su ideología (otra vez ideología) en la que más allá de informar, tratan de argumentar su propia postura a veces con consideraciones no siempre suficientemente razonadas. Pero esa es la opinión y no la información. En las sociedades complejas actuales también así debe ser, para que quién desee información pueda tener acceso a cualesquiera de las opiniones que puedan darse de cada acontecimiento o cuestión. Esa y no otra es la libertad de información.

Pero a veces esta es totalmente insuficiente para pertrecharnos debidamente y a tiempo sobre los problemas futuros que advierten los signos sociológicos, económicos y curiosamente incluso jurídicos. Si ello no se analiza adecuadamente, entonces, como viene dándose reiterativamente, la adaptación del Derecho como regulador de la vida social realmente no se da y llega casi siempre a destiempo. Por ello, la desconfianza de la sociedad hacia el hecho jurídico crece, entendiendo que más que un regulador y protector a veces de los derechos se percibe como un elemento represor y que suele favorecer a las clases dominantes, postura no  siempre realista pero que va incrementándose

La Filosofía del Derecho como disciplina, tiene como fin no siempre reconocido o practicado, proponer ideas y respuestas para posibles problemas jurídicos que pueden presentarse a tenor de los acontecimientos que de modo realista puedan darse de acuerdo a las tendencias de la sociedad. Pero normalmente ello contrae riesgos como los ya desarrollados anteriormente, por ello, en la doctrina las tesis desarrolladas no suelen ser prospectivas, sino de análisis posterior a los hechos, también necesarias, pero menos arriesgadas, ya que los autores no suelen entonces ser acusados de visionarios, escritores de ciencia ficción o incluso nigromantes jurídicos. Pero eso es bastante más aburrido y menos creativo filosóficamente que pensar sobre el futuro y tratar de ofrecer al menos señales de alarmas que van presentándose y sobre las que hay que tratar de proponer soluciones.





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